La ciudad se despertaba. El sol empezaba a iluminar cada rincón. Hacía algo de viento pero todo estaba muy tranquilo. La primavera estaba entrando en todos los hogares.
El despertador sonó y Estrella lo silenció para que su marido siguiera durmiendo. Se levantó como todos los días y se dirigió a la cocina para preparar el desayuno. No sin antes pasar por la cuna de su bebé. Dormía como un lirón.
Cuando estaba en plena tarea aparece por la puerta Roberto que se queda allí mirando a Estrella. Ella se había enamorado locamente de él desde prácticamente, el primer día. Se habían casado, se compraron una casa y ahora habían tenido un hijo. Un niño del que estaban muy orgullosos a pesar de que vino por sorpresa
Todo iba sobre ruedas, no se podían quejar para nada de lo que había pasado en estos años.
Estrella recordaba el día que se conocieron, fruto de un encuentro de miradas hasta que una voz la trajo de sus recuerdos.
-Buenos días, cariño.
-Buenos días, mi amor - respondió Estrella.
-No te oí al despertarte, ni siquiera el despertador.
-Lo apagué para que no te despertaras.
-No hacía falta que sabes que luego llego tarde y no me da tiempo ni a desayunar.
-Vale, pues siéntate a desayunar que ya está todo.
Roberto desayunó y se despidió con un beso de su hijo y de su mujer para irse al trabajo. Le esperaba un día como todos los demás, un día aburrido.
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