Después de tantos días lloviendo se empezaba a ver algún que otro rayo de sol. La lluvia no le gustaba, influía en su estado de ánimo. Era mucho tiempo estando triste y desanimada. No quería estar otro día más así. Necesitaba animarse pero había algo que no conseguía sacar esa sonrisa que normalmente llevaba a todos lados. No sabía que era pues era demasiado extraño. La apatía y la desgana hacía mella cada vez con más fuerza a pesar de sus intentos por romper esa nueva rutina.
Se cambió y se fue a dar una vuelta. Si la lluvia no se lo impedía. Sus pensamientos iban por un lado mientras que sus piernas le llevaban por otro. Iba pensando en las razones de su comportamiento cuando se chocó contra algo. Bueno, mejor dicho contra alguien, ya que no había visto la causa del choque.
- Perdona, ¿estás bien? - le preguntó aquella extraña.
- Sí, sí, lo siento, no te había visto.
- Creo que yo tampoco y por eso hemos chocado, por cierto soy Alba.
- Yo Cristina
Fue a darle dos besos pero no sabía cómo, sus labios se habían encontrado y lo que iba a ser un saludo resultó un beso que no olvidaría jamás. Esa pasión, ese contacto, esa conexión... La sensación dejó un rato sin habla a las dos. Solo se miraron, se rieron y en ese momento había surgido algo tan importante que ninguna sabía como definirlo. Se despidieron quedando otro día y con los teléfonos intercambiados.
Cristina siguió dando un paseo pero no conseguía quitarse de la cabeza lo ocurrido, sobre todo porque estaba confusa. Siempre había tenido relaciones con chicos, lo había pasado muy bien con ellos aunque terminaran de una forma u otra no creía que fuera por esta razón. Con ellos nunca había sentido esto. Seguiría dando vueltas a la cabeza todo lo ocurrido, pero con ganas de quedar con Alba para ver como iban las cosas. No sabía si después de estos días tan raros esto era bueno o malo. Solo lo averiguaría si continuaba adelante con esta aventura.
canthauthor's ideas
martes, 10 de mayo de 2016
lunes, 4 de mayo de 2015
Una historia autocensurada
La tarde era lluviosa y tuvo la idea de ir a dar un paseo junto al río. La lluvia no importaba, necesitaba salir de casa para tomar un poco el aire. En esos momentos no caía ninguna gota pero las nubes en cualquier momento descargarían. Se acercó a la orilla del río y se sentó muy cerca del agua. Le gustaba oír cómo el río fluía, pero además era un día estupendo porque era capaz de oler las flores que había alrededor. La tierra estaba un poco húmeda pero no demasiado para poder desconectar de su trabajo, de su familia. Se escuchaba un par de pájaros a lo lejos. Era increíble que dentro de la ciudad hubiera un sitio que te transportaba tan lejos de la civilización. Esos momentos eran lo mejor del día y hoy más que nunca necesitaba poner en orden su cabeza. ¿Qué podía hacer? No tenía a nadie a quién acudir. No podía seguir así, la vida tenía que cambiar.
Solamente le quedaba Carlos que siempre le había apoyado y además siempre creyó que estaba enamorado de ella. Era un chico estupendo pero siempre le vio como un amigo. Y si pasara la línea de la amistad y no fuera lo mismo... La verdad es que él se portó genial y siempre estaba ahí. Se levantó del suelo, cruzó la arena, dejó atrás uno de los chiringuitos y decidió llamar a Carlos. Ese fue el comienzo de su nueva vida.
Solamente le quedaba Carlos que siempre le había apoyado y además siempre creyó que estaba enamorado de ella. Era un chico estupendo pero siempre le vio como un amigo. Y si pasara la línea de la amistad y no fuera lo mismo... La verdad es que él se portó genial y siempre estaba ahí. Se levantó del suelo, cruzó la arena, dejó atrás uno de los chiringuitos y decidió llamar a Carlos. Ese fue el comienzo de su nueva vida.
Momento inesperado
Su cabeza le decía que lo hiciera pero su corazón le pedía que no. Era una lucha entre los dos aunque en verdad era contra él mismo. ¿Qué podría hacer, si pasara lo que pasase saldría perdiendo? Necesitaba más tiempo pero su círculo de amigos no lo comprendía. La decisión estaba clara para ellos pero no conocían todos los detalles que convertían una simple solución en una gran decisión.
Después de unas semanas en las que no podía dormir y comer lo hacía por necesidad, vio una posible solución o un camino alternativo. Sonrió, salió de casa y fue dar la noticia a sus seres queridos. En un paso de peatones fue a cruzar y se golpeó con alguien en el hombro. Al darse la vuelta su vida cambió, pues era un ángel lo que veía, la misma cara que hace unos meses apareció en un sueño imposible de olvidar. Se retiraron a un lado de la calle, empezaron a hablar y conectaron como si se conocieran desde siempre. Se olvidó de todo lo que tenía en la cabeza y se dejó llevar. Todo se fue solucionando poco a poco y no podía ser más feliz. La vida le había dado el camino que necesitaba.
viernes, 9 de julio de 2010
Una letra para una posible canción
Bajo esos verdes árboles
caminábamos tú y yo
esperando con paciencia
la caída del sol.
El día era maravilloso
y más teniéndote a mi lado
la pena no existía
la alegría había ganado.
La hora de marchar se acerca
el camino ya está listo
pero a pesar de todo
yo quisiera ir contigo.
Ya sé que no puedo
pero algún día llegará
volveremos a estar juntos
sin separarnos jamás.
La distancia no es olvido
solo te digo hasta luego
en mí perdura el cariño
recordándote en mi sueño.
caminábamos tú y yo
esperando con paciencia
la caída del sol.
El día era maravilloso
y más teniéndote a mi lado
la pena no existía
la alegría había ganado.
La hora de marchar se acerca
el camino ya está listo
pero a pesar de todo
yo quisiera ir contigo.
Ya sé que no puedo
pero algún día llegará
volveremos a estar juntos
sin separarnos jamás.
La distancia no es olvido
solo te digo hasta luego
en mí perdura el cariño
recordándote en mi sueño.
jueves, 25 de febrero de 2010
Estrella y Roberto
La ciudad se despertaba. El sol empezaba a iluminar cada rincón. Hacía algo de viento pero todo estaba muy tranquilo. La primavera estaba entrando en todos los hogares.
El despertador sonó y Estrella lo silenció para que su marido siguiera durmiendo. Se levantó como todos los días y se dirigió a la cocina para preparar el desayuno. No sin antes pasar por la cuna de su bebé. Dormía como un lirón.
Cuando estaba en plena tarea aparece por la puerta Roberto que se queda allí mirando a Estrella. Ella se había enamorado locamente de él desde prácticamente, el primer día. Se habían casado, se compraron una casa y ahora habían tenido un hijo. Un niño del que estaban muy orgullosos a pesar de que vino por sorpresa
Todo iba sobre ruedas, no se podían quejar para nada de lo que había pasado en estos años.
Estrella recordaba el día que se conocieron, fruto de un encuentro de miradas hasta que una voz la trajo de sus recuerdos.
-Buenos días, cariño.
-Buenos días, mi amor - respondió Estrella.
-No te oí al despertarte, ni siquiera el despertador.
-Lo apagué para que no te despertaras.
-No hacía falta que sabes que luego llego tarde y no me da tiempo ni a desayunar.
-Vale, pues siéntate a desayunar que ya está todo.
Roberto desayunó y se despidió con un beso de su hijo y de su mujer para irse al trabajo. Le esperaba un día como todos los demás, un día aburrido.
El despertador sonó y Estrella lo silenció para que su marido siguiera durmiendo. Se levantó como todos los días y se dirigió a la cocina para preparar el desayuno. No sin antes pasar por la cuna de su bebé. Dormía como un lirón.
Cuando estaba en plena tarea aparece por la puerta Roberto que se queda allí mirando a Estrella. Ella se había enamorado locamente de él desde prácticamente, el primer día. Se habían casado, se compraron una casa y ahora habían tenido un hijo. Un niño del que estaban muy orgullosos a pesar de que vino por sorpresa
Todo iba sobre ruedas, no se podían quejar para nada de lo que había pasado en estos años.
Estrella recordaba el día que se conocieron, fruto de un encuentro de miradas hasta que una voz la trajo de sus recuerdos.
-Buenos días, cariño.
-Buenos días, mi amor - respondió Estrella.
-No te oí al despertarte, ni siquiera el despertador.
-Lo apagué para que no te despertaras.
-No hacía falta que sabes que luego llego tarde y no me da tiempo ni a desayunar.
-Vale, pues siéntate a desayunar que ya está todo.
Roberto desayunó y se despidió con un beso de su hijo y de su mujer para irse al trabajo. Le esperaba un día como todos los demás, un día aburrido.
sábado, 13 de febrero de 2010
Comienzo
Jorge paseaba al atardecer por su zona favorita, donde se evadía de todos los problemas o cuando necesitaba estar solo. Para él, este sitio le traía muy buenos recuerdos sobre todo de tiempos pasados. Porque ahora irremediablemente se le venían a la cabeza todos los paseos de este mismo año. Un año para olvidar y eso que no se comió las uvas como hizo siempre y le había traído bastante suerte. Ahora mismo se preguntaba qué habría pasado con la carta que recibió pocos días después de Reyes. Una carta que desencadenó toda la mala suerte que había tenido.
Ya se estaba poniendo el sol y decidió darse una vuelta e irse para casa a cenar. Se haría algún sandwich porque no quería ponerse a cocinar. Cada vez lo odiaba más.
Terminó de cenar y de recoger lo poco que había utilizado, y se sentó en el sofá a ver la televisión, pero no había nada que le gustase. Así que fue al cuarto de invitados y se puso a tocar la guitarra un rato. Pero cada canción le recordaba los malos momentos vividos y dejó la guitarra apartada. Cuando ya estaba por irse del cuarto, sonó el teléfono. No se apresuró en cogerlo porque sabía quien llamaba.
Ya se estaba poniendo el sol y decidió darse una vuelta e irse para casa a cenar. Se haría algún sandwich porque no quería ponerse a cocinar. Cada vez lo odiaba más.
Terminó de cenar y de recoger lo poco que había utilizado, y se sentó en el sofá a ver la televisión, pero no había nada que le gustase. Así que fue al cuarto de invitados y se puso a tocar la guitarra un rato. Pero cada canción le recordaba los malos momentos vividos y dejó la guitarra apartada. Cuando ya estaba por irse del cuarto, sonó el teléfono. No se apresuró en cogerlo porque sabía quien llamaba.
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